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viernes, 23 de octubre de 2015

CRISTO Los Caballeros del Cristo 3 octubre 2014

 Bien amados, los Caballeros del Cristo son los que representan, en su Pureza y su Integridad, la fuerza del alma que supo, a la vez, guardar los cuatro pies sobre la Tierra anclados en cada uno de los Cuatro Elementos, y mantenerse en Ellos, cabalgándolos y esposándolos con toda su Fuerza y con toda esta flexibilidad, que es como la del bambú que se levanta de la tierra esposando el viento. 

Ser mi Caballero es no estar más a caballo sobre nada más que esta diligencia que consiste en esposar la carrera de los Jinetes sueltos a toda velocidad, y no en dejarse arrastrar por ellos. Porque cuando la base corona en los Cuatro Jinetes, realmente, entonces este trono se hace montura, el trono de Aquel que cabalga el Amor, y la barquilla de Aquel que se eleva en el Danza del Fuego del Amor. 

El Caballero del Cristo abraza de la mirada toda la Creación y su galope es una carga que traspasa la ilusión. Esta Caballería ligera tiene la potencia del León que viene a rugir y mostrar su melena, en la llamada del maestro Semental, porque hace falta bien que los soldados se acuerden que su marcha forzada es sólo un criterio altivo, donde los rastros de sus pies en la superficie se arrastran. Y que andan sólo a los pies de Madejas que sostienen el segundero del tiempo y la carrera de los siglos, cuyo desenfile se para en el segundo en que el mecanismo de escape emite de su ronda las agujas de la esfera, para que ellas toquen a la Ronda el fin del encierro del tiempo de vuestro mundo. 

Entonces, la Caballería galopa melena al viento, y el ruido de los cascos es el Reloj del Tiempo nuevo, que reduce a nada la impostura donde reinaban los chantajistas de guantes blancos, emanando el hedor de la peste. Entonces, el Caballo Blanco, infame que mal piensa en eso, tropas viene para incendiar el ardor, con el fin de que de la vanguardia se lance como una flecha que se lanza al Cielo y vuelve a Tierra, para entonar su Canto que traspasan los Corazones. Y el campo de batalla, entonces, extrae en burbuja ilusorio que sus flechas vienen a reventar, desarzonando la impostura de los que tienen las riendas sólo de la mentira, y que pone fin al sueño de los pueblos dormidos con el fin de que se levanten y se recuperen en la montura, para esposar el viento que viene a llevarse todo de lo que estaba delante de vuestra Eternidad. Entonces, el Caballo Blanco, cabalgando el espacio-tiempo, se encabrita en un grito de inmensa Satisfacción, que despierta a la Vida y en su Corazón ardiente a los Hijos del Amor liberados de Satanás, de los cuales pisotea los hierros de sus herraduras ardientes. 

Entonces, Cristo Rey, esplendoroso de Luz, anuncia su Presencia a la humanidad entera, y se vuelve hacia el Padre como Caballero sirviendo para entregarle las llaves de las cárceles donde languidecen, en el fondo del Precipicio, aquellos cuyo encierro es la manera de vivir, para que a finales de los tiempos sólo quede la Risa cristalina de los Niños de la Tierra reconquistada. 

Soy CRISTO, y sello en este día la suerte de Satanás. Y vuelvo a poner en montura a mis Caballeros Amorosos para la última Cruzada que está la entrega en Orden y en la Cruz del Corazón de este mundo engañoso, con el fin de que alcancen la Verdad donde ninguna sombra pueda más inmiscuirse para desviar los Corazones. Soy CRISTO, y les digo: llego sobre mi Caballo Blanco para celebrar en coro la Alianza de los Corazones Ardientes, cuyo galope aplasta a los saboteadores bajo sus herraduras marcando el Triunfo del Amor y todos sus Hijos. 

Os Quiero y os honro para lo que se cumple en esta Fraternidad de los Corazones de los Caballeros Amorosos, en este instante de Gloria, en la Vida Eterna.

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