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viernes, 19 de agosto de 2016

MADRE DIVINA EL PRINCIPIO DEL DISCERNIMIENTO a través de Selén Om 17 de agosto de 2016


Gracia y paz, los saludo en la virtud del Espíritu, los saludo en el Espíritu de la virtud. Vengo aquí en medio de ustedes despertando como la voz de la sabiduría para traer a la evidencia de su atención el Principio del Discernimiento. Por eso vengo a través de una de mis muchas caras, conocida en el pasado como Palas Atenea, el principio de discernimiento en la humanidad, el aspecto de vuestra mente que guerrea en un campo de batalla.

Hijos e hijas, el Principio de Discernimiento es también el momento de la elección, momento que se repite continuamente a lo largo de su tránsito por esta etapa, este estadio del desarrollo de la conciencia de sí, rumbo a la emancipación.

La conciencia, como alma, al vivir el proceso de individualización se encuentra en un estado de identificación con los sentidos, de identificación con el mundo sensorial, de identificación con la forma, recuerden que, hasta el punto medio de la rueda de la manifestación, esta identificación es sagrada y necesaria, porque fue ella que promovió el surgimiento del Cosmos, fue la primera identificación de la conciencia con la forma que llevó a la sustancia sobre a largo de su proceso de desarrollo, de aglutinación y perfeccionamiento a una mayor complejidad de expresión.

Cuando la conciencia progresa a través de las formas creadas para su propia experiencia, para su proceso de auto-percepción, en la que ella se reconoce reflejada en el océano de la materia a través de sus múltiples formas; el alma llega, entonces, como conciencia individualizada preparándose para girar en el punto medio de esta rueda, donde ella debe reconocerse más allá de la forma, y de las descripciones y hacer la experiencia directa de su naturaleza inmaterial.

A partir de ese momento, la conciencia se vuelve una vez más hacia su mundo externo, pero esta vez emancipada de los sentidos, y de la identificación con la forma, ya no sigue un proceso instintivo, aunque inteligente, pero esta vez cooperando conscientemente con el universo ya manifiesto. Y caminando intencionalmente rumbo a la expansión de su potencial y su poder co-creador dentro de este mismo universo, pero ya no apegada al universo, ahora lúcida, siendo conciencia consciente de sí.

Este es el drama cósmico, es el drama representado en cada mito solar y este mito solar es un emblema simbólico que señala a cada momento la alegoría de la caída. La caída primordial, que por supuesto, no tiene nada condenatorio, pero si el sagrado oficio que es representado cíclicamente por el aliento de la divinidad misteriosa; soplo que penetra el océano de la sustancia primordial, y que con este océano se identifica, permitiendo a la conciencia experimentar, crear y conocerse más profundamente.

Ese primer momento – que desde luego, no es el primero, pero ese punto que precede a la complejidad de las formas - es el primer sacrificio representado por el misterio solar de la divinidad que se hace verbo y encarna. El Verbo encarna, y la esencia permanece oculta en sí misma, en otras palabras, eternamente incondicionado. El Verbo, entonces, inicia su peregrinación en el reino de Maya, en el campo de las formas sutiles, groseras, sombrías y luminosas, bellas y horrendas, y así se suceden los ciclos y el Verbo enriquece en sabiduría, y así trae a la expresión más del poder oculto de la divinidad que es. El Verbo hace manifiesto en la creación el misterio divino. El Verbo pasa a través de las primeras etapas como inteligencia instintiva, completamente unido e identificado al océano de materia del cual él es la vida, que él impulsa, y que conduce a lo largo de eones en creciente refinamiento de expresión.

Vean ustedes, que la limitación de sus palabras nos obliga a que dirijamos el Verbo como si se tratara de un principio masculino. En verdad, el Verbo no es masculino ni femenino, el Verbo es el andrógeno primordial; pero que en algún momento de su peregrinación en el mundo de las formas se refleja en forma bipartita para entender estos aspectos con mayor profundidad. Y así el Verbo se refleja en lo masculino y femenino, en sus aspectos sagrados y sus aspectos profanos.

Cuando el Verbo peregrina entonces llega el momento de experimentar la autoconciencia, en el momento en que chispas de ese Verbo, o Verbo Uno, se identifica con formas propias. El Verbo entonces es alma, alma individual; el Verbo es manas, es ego, es un yo. El Verbo anima una forma, una forma para así, trascender la identificación con la forma. Esta etapa humana individualizada es el último estadio que precede a la completa emancipación.

Después del Verbo haber caminado eones y eones identificado con la sustancia en ámbitos cada vez menores, llega a un punto en el que vive la identificación con una porción específica de la materia, el último lazo. Este lazo, sin embargo, aun posee ascendencia sobre el Verbo.

Y yo, a través de mi faceta como Palas Atenea, represento esta etapa de la humanidad, represento la victoria en esta guerra, represento el Principio del Discernimiento en que Manas, o la mente, vence el poder seductor y enceguecedor de Kama; el instinto y las pasiones. No por la represión, sino por la trascendencia.

Así como el símbolo de mi rostro, como Pallas Atenea sostiene el escudo, la protección que lleva Medusa con sus serpientes - la representación en esta etapa más reciente de la antigua enseñanza, representando las pasiones inferiores. Pero en un pasado más lejano, Medusa, una de las Górgonas, era la representación de la guardiana de la sabiduría oculta.

Sin embargo, el apego a las pasiones, el apego a las emociones groseras, a la forma y sus sentidos se convierte en la gran guardiana de la sabiduría antigua. Es preciso vencer a este guardián, o vencer a esta guardiana; el guardián del umbral del templo sagrado interior. La etapa en que el Verbo se manifiesta como un ser humano individualizado es el umbral del Templo de la sabiduría, y el guardián de este templo es la identificación con la forma y los sentidos, que nubla y oculta la percepción directa de lo que se es.

La identificación con la forma y los sentidos debe comprenderse en su sentido sagrado para que ser trascendida con éxito. Es necesario conocer y reconocer el misterio de la Medusa; así como conocer y reconocer su belleza. Pero esta vez, para no caer presa de su fascinación, porque los hipnotizados por ella son hechos piedra, caen bajo el poder de la inercia y no progresan.

Yo soy aquella que les concede la mente. Al igual que en los mitos antiguos, incluso anteriores al pueblo griego, el mito describía una forma alegórica para que los iniciados pudiesen contemplar misterios más profundos, como la creación de esta humanidad, la descripción de Prometeo creando la humanidad a partir de la Tierra y el Agua, creando así formas de arcilla. Entonces Pallas Atenea es la que sopla en estas formas de arcilla, animándolas. A partir de ahí el muñeco de materia conoce y es inteligente. Otra representación antigua de este mismo principio es la serpiente del Edén, así como la propia Eva. El Principio del Discernimiento y el momento de la elección.

Los invito a contemplar su propia sabiduría, porque el Principio de Discernimiento, madura o se embota a cada momento, de acuerdo con el uso que ustedes hagan de su intuición, de su discernimiento, y del uso que hagan de su capacidad de percepción y auto-percepción.

Porque la única opción que se plantea para cada uno de ustedes continuamente es: ¿permaneceré identificado con la forma y los sentidos o transcenderé esta identificación por la contemplación del misterio que yo soy, por el reconocimiento de mí mismo, conciencia, ánima, espacio que sostiene la expresión de todos los fenómenos?

Esta representación de mi arquetipo, de mi aspecto Palas Atenea, fue posteriormente objeto de muchas distorsiones para servir y justificar el sistema patriarcal y la supresión del sagrado femenino. Sin embargo este emblema porta todavía la vibración original de mi presencia como madre de este planeta, como la diosa planetaria y como un aspecto de su conciencia.

En medio del campo de batalla en el que ustedes son llevados de un lado para otro por la fuerza del apego a la forma y por la seducción de los sentidos, al mismo tiempo que son atraídos por la voz suave, casi silenciosa de la conciencia interna representada por mí; es ahí donde su sabiduría madura, y es donde su potencial comienza a despuntar.

Por lo tanto, no teman la guerra. Tampoco teman el enfrentamiento. Fortalézcanse, reconozcan su fuerza. Abandonen toda guerra exterior, porque toda guerra exterior es vana. Láncense a esta guerra interna, pues por esta y de ésta depende su destino, si permanecen en pos de mas ciclos inertes, o si colocan su pie en el templo de la sabiduría, el templo de Palas Atenea.

Sepan, sin embargo, que yo soy la fuerza y la protección que necesitan. En su interior como al exterior siempre que lo necesitaran, siempre que vuelvan sus oídos internos hacia el corazón, yo estaré ahí como la fuerza invencible que ni el mismo Ares se atreve a desafiar, porque el principio kámico se inclina antes del principio manásico iluminado por la conciencia divina.

Entonces, no hay nada que temer. Pero abandonen la guerra de los sentidos de manera que puedan ver claramente la guerra que se procesa en su principio interior, la guerra que se lleva a cabo en el alma. Esta guerra es mucho más sangrienta. Al no entender esta guerra y todos los pasos en falso cometidos en ella, se reflejan en el mundo externo como atrocidades y catástrofes que ustedes experimentan y que crean en su realidad.

Por tanto, aprendan de mí el Principio del Discernimiento; aprendan a discernir lo falso de lo verdadero; aprendan a discernir lo eterno de la temporal; a discernir la verdadera vida de la muerte; a discernir la sabiduría de la falsedad, de la ignorancia; pero, sobre todo, aprendan a discernir el "YO SOY" de la forma, el noúmeno del fenómeno, la conciencia de la experiencia.

Este impulso lo imprimo en sus corazones, en todos esos corazones abiertos a mi presencia y a mi voz, a pesar de la cara por la cual pueda revelarme. A pesar de la cara por la cual puedo revelarme, soy sólo Anima Mundi, solamente soy Magna Mater, la madre de todos los seres vivos y el alma que los anima.

Los dejo en mi protección. Paz y virtud en el Espíritu y por el Espíritu.


Transcripción hecha por colaboradores de la ELV.

Mensaje canalizado por Selén - http://www.escolaluzviva.com.br/
Traducción: H. N.

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