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viernes, 19 de junio de 2015

SOY LA REINA VICTORIOSA DEL MUNDO.


Mamá María, es un océano de perfume que nos da un eco celeste. La delicadeza fragancia de su perfume, nos ofrece estos tesoros. La exhalación del perfume, del Paraíso da la flor. La unción del Amor de Cristo, y el receptáculo perfumado del bálsamo divino. 

Recibamos el Amor, de nuestra Madre del cielo, por la Santa poderosa bendición de Jesús. Cada uno de nosotros, Hermanos y Hermanas, somos llamados de modo particular a la verdadera santidad que consiste en volverse moradas vivientes de vuestro Espíritu de Amor. Dios el Padre, hizo un ensamblaje de todas las virtudes y de todas sus gracias y le llamó María – Marie. Tengo como una imagen de un inmenso mar espiritual de Gracia de la virgen María. Es por ella que él aplica sus méritos sobre sus miembros del amor, ella es su canal misterioso, a través del cual hacéis fluir vuestras misericordias suavemente, y abundantemente. Sus oraciones, son tan poderosas cerca del Dios, que pasan siempre por mandos enfrente del Señor, que no resiste a la oración de Su Querida Mamá, porque ella siempre es humilde y conforme a su voluntad. El que ama a Dios quiere Amarle cada día más, porque el Amor es un fuego que arde sin consumir, sino cuyo ardor esta siempre más vivo. 

Dejemos el Amor de Dios entrar en nuestro corazón, en nuestro cuerpo, en nuestra vida que nos ilumina de su claridad en cada escondrijo de nuestra alma, para recibir el amor de la “Reina del Cielo”. Es el fuego de vuestro Amor que tiene todo poder para purificarnos y librarnos de nuestros lazos tan estrechos con el espíritu maligno. 

María llevaba en ella el sí de la Redención. Fue esperada justo antes del Hijo de Dios que no podía contener más, en Su Divino Corazón, “Este Amor” incondicional que debía brotar por todas partes para santificar este Mundo. Invoquemos vuestro corazón de dulzura, con fuerza y perseverancia, cada día de nuestra vida, y en repetidas ocasiones, vuestro fuego de Amor a fin de que él venga a cumplir en nuestros corazones y en nuestras vidas su obra de sanación, de liberación, de santificación. 

Un corazón inflamado por el Amor de la Madre de Dios, es un corazón vivo, un corazón desbordante de caridad y quien tiene la fuerza misma de los Santos. Es vuestra muy santa voluntad que nos invita a ofrecernos vuestro corazón, a fin de que lo transforméis y que lo encendéis vosotros mismos en el brasero ardiente de vuestro Corazón Inmaculado. 

Abandonemos-nos totalmente a vuestro Corazón, y Sepamos bien, nosotros niños, cuánto María acoge con alegría nuestra ofrenda de amor, y cuánto María nos recompensa lo poco que nos atrevemos darle. Oh señor Jesús, lo sabemos, recibimos al centuplique y mucho más aún. - (Jesús), les doy además, grandes tesoros, la Vida eterna en mi santa Presencia. ¿Por qué vaciláis aún? ¿Tienen miedo de recibir demasiado de mí? Mi generosidad es sin límites, ya que es infinita. Si no reciben mis divinas gracias, es a menudo porque no se atreven a pedírmelas o porque tienen miedo de consagrarse a mí. Den y Yo os lo devolveré más que al centuplico, porque pongo mi alegría en mi liberalidad del Amor. - (Jesús), María es un vasto océano de gracia, y de Amor, Gracia que reside perfectamente en esta criatura la más amada por mi Sagrado-Corazón Obsérvenla, aprendan a conocerla y comprenderán que las llaves del reino eterno descansan en mi madre. Las llaves del reino se encuentran en María por la gracia de su paciencia, de su humildad, su deseo de vacuidad, de quedar nada, su perfecta obediencia a Dios, su Amor por Dios y Dios único, allí somos inundados por la profundidad de sus virtudes, difícil a expresar, - (Jesús), imitando a mi madre, el reino de los cielos es vuestro. No hay egoísmo en mi madre. Yo era su hijo bien-amado y ella se abandonó dolorosamente, no puedo expresar el dolor que sentí, en el plano del Padre. No puedo describirles cuánto ella me quería. Y sin embargo, ella os quería tanto a vosotros también que me entregó a una muerte de la más cruel. Y esta espada se hizo el medio por el cual el hombre comprenderá por qué Dios la recompensó haciendo de ella la dispensadora, el canal de toda misericordia y de toda gracia. No se inquieten si la amáis demasiado – esto me gusta. Comprenderán que ella no quiere nada para ella-misma, sino que os atrae a todos hacia mí.

Sabréis, amándola cada vez más, que ella es el secreto del cielo. En ella descansa todas las virtudes que amo. Entonces rezadle pues os lo di. Comprenderéis que no quiere nada para ella-misma, sino que os atrae a todos hacia mí. AMEN.

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