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domingo, 26 de febrero de 2017

RAM ESTAR EN EL CORAZÓN, 13 mayo 2009


Soy RAM. Recibid mi paz. Recibid mis bendiciones. Vengo por mi presencia, a continuar mi rol que es instruir la vida en el corazón. No he intervenido desde hace algún tiempo en relación con las efusiones que os transmite el Arcángel que vosotros llamáis Miguel. Las intervenciones de este ser, están destinadas a haceros descubrir la dimensión nueva. En efecto, he preferido esperar a que el trabajo espiritual del ultravioleta llegue, para algunos de vosotros, hasta el corazón. Así, hoy, vengo a continuar mi enseñanza. El paso de la vida fuera del corazón a la vida en el corazón es realmente, un nuevo nacimiento. Cuando la consciencia se estabiliza en el corazón, el mundo cambia, vuestra mirada sobre el mundo cambia, vuestra percepción del mundo cambia y cambia realmente para vosotros. La vida en el corazón es una vía dentro de esta densidad que recorréis, una vida nueva, una vida en que la distancia y la separación están abolidas, una vida en que la mente cartesiana no puede equivocaros más. Llegando a este nivel se disuelven en su mayor parte, los velos de la ilusión, los velos de la separación. Lo que marca el acceso a este nivel es el descubrimiento de un estado particular que os hace descubrir de manera verdadera, lo que está más allá incluso de la alegría, la serenidad, la pureza, la ausencia de conflicto interior. La vida se desarrolla entonces, según nuevas normas. El mundo exterior cambia porque vuestra mirada cambia, porque percibís en el otro, en los otros, los juegos de la ilusión y sin embargo, desaparece todo juicio. En este estado de felicidad, una vez que llegáis a este nivel de interioridad, de alineamiento, una nueva vida comienza entonces para vosotros, una vida en que no puede haber lugar para las dudas, para las preguntas. Llegando a este nivel, os dais cuenta de la vanidad, de la inutilidad de las construcciones mentales, de los juegos de poder, de dominación, los juegos de seducción incluso. Llegando a este nivel, estando de acuerdo con vosotros mismos, nunca, ninguno de los juegos del ego, de la personalidad, os interesan. Llegando a este nivel, os he hablado a menudo del sentido y la vivencia de la Unidad que se encuentra. Llegando a este nivel, las preguntas se callan, el sentido de la vida os aparece en su majestuosa simplicidad dónde, simplemente, las cuestiones y las dudas pierden todo su sitio. Llegando a este estado, las contradicciones inherentes a la vida del ego desaparecen. No tenéis nada que defender. No tenéis nada que probar. No tenéis nada más que demostrar. En ese nivel, no tenéis nada más que ser. La verdad y la realidad de lo que sois os aparecen con toda humildad, con toda simplicidad. Vivís en este momento, más allá de los juegos de construcción de lo que forma la personalidad. La personalidad está entonces, sujeta a la realidad del corazón, a la realidad de la Unidad. Ese estado corresponde a la gracia y a la felicidad de vuestros encuentros con vuestra Eternidad. En esta etapa, os son reveladas gradualmente vuestras filiaciones. Salís de la ilusión de pertenencia a esta realidad, para entrar en la pertenencia a vuestra propia Divinidad. En esa etapa se hace muy difícil mantener los velos de la ilusión, tanto en cuanto a lo que sois, como a lo que son los otros. Vuestra visión se hace penetrante. El tiempo que, sin embargo pasa, os aparece en la suprema ilusión que es. Os hacéis capaces, en ese momento, en esta etapa, de vivir de múltiples realidades a la vez. Los velos de la separación os son irremediablemente retirados, percibís la multiplicidad y el juego de las dimensiones que participan todas, en la misma Unidad.

Estar en el corazón no es una palabra vacía. Estar en el corazón no es ya, definir el corazón con la cabeza, sino el corazón con el corazón. Penetrando en este estado de alineamiento, penetrando en ese estado de unidad, os daréis cuenta de que no hay nada que combatir, que no hay ya nada que probar, que no hay nada que demostrar, a vosotros mismos como a los otros, como al mundo. En esta realidad nueva, se vive la unidad, pero también un sentimiento profundo de unificación con la Divinidad. Este estado se vive en humildad y en agradecimiento a la Fuente reencontrada. En esta etapa, no podéis ser equivocados y no podéis equivocar. En ese estado, la vida se hace felicidad. Encontrando vuestra filiación os hacéis capaces de conversar de alma a alma, de Espíritu a Espíritu, con la Luz, con el Amor, con los otros, en esta dimensión y en otras dimensiones. Ese estado requiere abandonar ciertas creencias. Ese estado requiere una neutralidad benevolente y produce una serenidad permanente. Las preocupaciones de la vida ordinaria no pueden hacer presa ya, en ese mismo estado. Así, se instala en vosotros la paz. Así, se instala en vosotros la verdad suprema que es Unidad, que es Belleza, que es Gloria, que es Luz, que es Amor. Ese estado de consciencia se acompaña de un estado vibratorio particular, vivido en medio de vuestro pecho, por una vibración particular marcando la apertura de vuestro Templo Interior y de la comunicación de vuestro interior con la Fuente. El trabajo del Arcángel Miguel está destinado a facilitaros el acceso a este nivel. En ese estado, se resuelven todas las emociones, todas las perturbaciones. En ese estado, así como muchos seres que lo han realizado, han dicho, escrito, manifestado, se realiza la alegría sin objeto, la alegría inefable de vivir simplemente esta verdad a ese nivel. Muchos seres se han expresado en este canal, en relación a soltar la presa, en relación al abandono, en relación a la confianza. Son palabras que puede aprehender vuestro intelecto y que sin embargo, solo son un pálido reflejo de la realidad, cuando llegáis a esa etapa. En ese nivel de consciencia, nada malo puede ocurriros porque incluso el elemento más oscuro, se ilumina por el propio estado de vuestra consciencia. Cada cosa es así de manera irrevocable, en su lugar en el momento en que esto se produce. Vosotros acogéis con la misma gracia los acontecimientos exteriores, sean los que sean. Ningún elemento externo puede apagar esta Luz que está encendida en vosotros. Ninguna contrariedad que se hubiera vivido de un modo terrible a nivel del ego, puede perturbar de manera duradera, el nivel en que estáis.

Os he dado las claves preparatorias para disponer vuestro Templo Interior, a vivir esto. Todo ser humano que juega el juego de esta preparación, por el poder de la radiación Micaélica, de ahora en adelante está apto para vivir esta transformación. De todas formas, la aptitud para vivirlo no confiere de manera irremediable, la realidad de esa vivencia, pero sin embargo, se trata de una etapa capital hacia este camino. Debéis, si lo deseáis, definir cómo prioridad de vuestro Amor, como prioridad de vuestra vida, como prioridad de vuestros actos, el absoluto, la Divinidad, el Amor, el Cristo, la Luz. Toda vuestra alma se tiende entonces hacia este objetivo, no por una voluntad sino por una tensión que yo calificaría de obediencia, por una tensión de servicio hacia la Luz. Nadie puede servir a dos maestros a la vez. ¿A quién queréis servir? ¿A vuestro ego, o a Dios, o a la Luz, o al Amor, o al Cristo u otras palabras aun? Servir al ego conduce de manera ineludible al sufrimiento perpetuo. Servir a Dios, a la Luz, al Cristo, al corazón, conduce a la alegría eterna.

Pasar a ese nivel puede haceros creer que hay una montaña que ascender, una distancia inconmensurable, entre lo que sois y ese nivel a alcanzar. Pero esto no es verdad. Esto es una ilusión inducida por vuestro propio ego. No quiero decir con esto e inducir que el ego hay que despreciarlo. Al contrario, debe ser domesticado, asegurado, amado por lo que es y nada más. 

Vosotros habéis perdido el sentido de la realidad de vuestra Divinidad, el sentido y la realidad de vuestra Unidad. Sin embargo, y particularmente en estos tiempos y en esta época, las circunstancias de vida en la Tierra os facilitan grandemente el acceso a este nivel, a la realidad de vuestra Divinidad y de vuestro corazón. No basta con creer en el corazón para situarse en el corazón. Esto pide un impulso, una tensión total hacia él. La paradoja, si es que lo es, es que esta tensión va a la par con el soltar presa. Se trata de una tensión de la consciencia y no la tensión del ego o de vuestros cuerpos. No se trata tampoco, de una resistencia que vencer sino más bien de un estado de aceptación, de ligereza, de sumisión incluso a la verdad de la Luz. En ese estado y en ese nivel y en ese plano de la consciencia, gustáis de una forma muy fácil de la beatitud, de la felicidad, más allá de cualquier esfuerzo, ligado a la noción misma de servicio, a la noción misma de meditación, a la noción misma de voluntad de bien, porque esto está más allá y es muy diferente.

Acceder a su Esencia, acceder a su Divinidad corresponde totalmente a una forma de aquiescencia, a una forma como decía, de aligerar a la luz, a Cristo, a Dios, a Krishna, cualquiera que sea el nombre que le deis. Ese estado, ese nivel, este plano corresponde a la confianza. En ese estado de consciencia no puede haber obstáculo. El único obstáculo es el que es creado por el ego, por las resistencias, por la personalidad. A ese nivel la vida es gratuita, la abundancia es gratuita, pero ciertamente no la abundancia y la gratuidad que conoce el ego, sino más bien la abundancia de la vida, la gratuidad de la vida, la abundancia de la Luz, la gratuidad de la Luz, traduciéndose en un servicio espontáneo y no creado, por el Amor espontáneo y no dictado por ataduras, por nociones de placer o nociones de miedos. Este Amor no se traduce necesariamente en palabras, pero se traducirá necesariamente por un estado vibratorio, se traducirá necesariamente no por una voluntad de bien, sino por el bien encarnado y espontáneo. La preparación que está en curso, querida y decidida por el Gran Reloj Cósmico, por los Grandes Seres que velan sobre vuestra alma, ya ha llegado. Estas palabras que pronuncio, sea cuál sea la profundidad del sentido o no, que vosotros percibís, os volverán a la consciencia en el momento en que aceptéis totalmente vivir en este nivel, en este estado, en esta consciencia. Es importante, vosotros que me escucháis, vosotros que me leeréis, grabar estas palabras en alguna parte de vuestra consciencia porque son elegidas para imprimir su marca en vosotros. Ellas reúnen totalmente la paz que os presento al llegar, las bendiciones que os aporto al llegar a vuestra densidad. Así, la vida en el corazón es una vida nueva, es una vida plena en que no hay lugar para el vacío, donde no hay lugar para la duda, donde no hay sitio tampoco, para el ego y su pequeñez. La personalidad no desaparece sino que se enriquece, se pule, se forma a fin de conformarse a este estado de consciencia. Ésta, se hace poco a poco transparente, sin llegar a interrumpir la llama de vuestro corazón, la llama de vuestro Amor, sino que se pone al servicio de éste, se ofrece en obediencia a lo que nace en medio de vuestro pecho. Si insisto tanto en la localización de este estado de consciencia, es porque se trata de una verdad vivida y no de un concepto disfrazado o maquillado por la mente. Vivir en el corazón no es una idea ni un concepto, ni un comportamiento, sino más bien una vibración de la consciencia, naciente en medio de vuestro pecho, que os es posible sentir que aumenta en función de las circunstancias pero, en ningún caso, extinguirse. Esta vibración sentida en medio del pecho, marca la verdad total de vuestra instalación en el corazón. Ese estado no está en función de vuestros humores, de vuestras meditaciones, del entorno. Solo el resurgir de vuestra mente egótica puede a veces, atenuarlo, disminuirlo, sin interrumpirlo jamás. El trabajo de efusión del Arcángel Miguel y de los otros múltiples Grandes Seres que le acompañan, está ahí para realizar la eclosión de esta realidad en la realidad densa. Pero, como os han dicho, y yo repito, vosotros solos y solamente vosotros, podéis penetrar vuestro santuario. La única cosa que puede bloquear aun el acceso a ese plano, a ese nivel, a ese estado, no es tanto vuestro ego en sí mismo, sino más bien el miedo que es generado por el ego. El miedo de perder, pero no hay nada que perder. Esto es una ilusión. No hay nada en absoluto que vayáis a dejar detrás de vosotros. La adhesión que se os pide es una adhesión de corazón. No puede existir esa adhesión, mientras seáis un hombre o una mujer de compromiso, mientras seáis un hombre o una mujer que tiene la costumbre de expresarse, de pensar, de vivir, en la dualidad y por la dualidad. Comprended bien que la dualidad no es un error, no es represable sino que no podéis vivir la Unidad preservando vuestra dualidad. Es en ese sentido que se os ha pedido por muchos seres, no juzgar porque el juicio es un acto de dualidad. El estado de Unidad no puede juzgar. El estado de Unidad no puede ser contrario a lo que sea, porque la Unidad se basta a sí misma. Esta vibración, este estado de consciencia, es una realidad. No es, repito, un concepto, una visión de la mente, o aun algo abstracto o lejano. He aquí lo que hoy, tenía ganas de añadir. Si tenéis preguntas, en relación a estas palabras, trataré de aportar una aclaración diferente que la que acabo de daros. Pero debéis guardar presente en el espíritu que la vida en el corazón se manifiesta por una vibración. Igual que la mayoría de vosotros habéis comenzado, de manera reciente o mucho más antigua, a sentir la vibración en vuestra cabeza, esta misma vibración debe instalarse de manera casi permanente en vuestro pecho. Esto será marcado, antes incluso de que percibáis las modificaciones de consciencia, la realidad de vuestra instalación en ese estado, a ese nivel de consciencia del corazón. Entonces, quisiera ahora escuchar.

No tenemos cuestiones. Os damos las gracias.

Entonces, antes de dejaros, recibid toda mi paz, todas mis bendiciones, todo mi Amor y toda mi gratitud por haber acogido estas pocas palabras. Sed bendecidos. Volveré ulteriormente para continuar mi enseñanza, por las prácticas energéticas orientadas al corazón que os ayudarán a sentir la vibración de vuestro corazón y a vivir e instalaros en ese estado, en ese nivel. Sed bendecidos.
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Canalización Jean-Luc Ayoun
Transcripción : Veronique Loriot
Traducción : S.M.


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