LAKE MORAINE se encuentra en el Parque Nacional de Banff, Canadá.

LAKE MORAINE  se encuentra en el Parque Nacional de Banff, Canadá.
El Arcángel Miguel quiere que se sepa que en el Lake Moraine hay una energía de Purificación que remueve los cordones de apegos. Lake Moraine es su casa y donde él se siente más a gusto, y puede sostener allí la energía de la quinta Dimensión.

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lunes, 19 de diciembre de 2016

El IMPERSONAL Parte 2 Diciembre de 2016

Saludo tu Presencia, de mi Corazón en tu Corazón, de llama a llama. Honro tu escucha, tu lectura y tu presencia.

… Silencio…

En la Gracia del Amor, en la Gracia del Fuego Ígneo, comulguemos, en cada uno de nosotros. En el Blanco inmaculado de la primera emanación, o emanación primordial, recibe, en la medida que te has dado.

Hijo del Único, te saludo. 

… Silencio…

A la hora en que tu cuerpo de carne es atravesado por la espada de Verdad, en cada rincón y en cada recoveco, estas invitado, por el Fuego Ígneo del Amor, a ser la totalidad de tu Presencia, aquí mismo en este mundo y en este cuerpo.

La Luz, hoy, te insta de ser lo que siempre fuiste. La Luz te guía y alumbra a tu conciencia de manera total e indeleble. El Fuego Ígneo se eleva, o se elevará pronto, desde tu Corazón, a fin de mostrarte y demostrarte la realidad de tu ser Eterno, aquí mismo, allí donde estas.

Entonces en ese momento, la evidencia de lo que eres te aparecerá de manera completa e indeleble. En el Blanco del Amor y de la Unidad, honro tu resurrección y tu renacimiento en la Eternidad, en el seno de la Luz.

El conjunto de las transformaciones posibles en el seno de tu cuerpo de carne, están desde ahora acabadas y completadas. Pienses lo que pienses, vivas lo que vivas por ahora, cada día te aportará la certeza, de múltiples modos, de lo que Eres.

La hora ya no es más a la iluminación de tu efímero, sino a la iluminación total de tu Presencia, de tu cuerpo de Êtreté, aquí mismo en este cuerpo de carne y en esta conciencia efímera, en lo que queda.

Entonces, bien amado, reúnete contigo sin demora, sin prisa y sin preguntas.

El Agua de Vida, desde ahora propagada en cada parcela de tu cuerpo y de tu consciencia, no puede dejarte ninguna duda sobre el proceso que vives. En la Luz, en su Blancura, en su Unidad, todo lo que pertenece a lo efímero, te es mostrado en lo sucesivo por lo que es, algo que sólo pasa, aparecer y desaparecer, nacer y morir.

Lo que te anima, incluso en el seno de la Ilusión, nunca muere y nunca nace. Es lo que percibes y vives, cualesquiera que sean las manifestaciones corporales y las modificaciones de tu conciencia.

El conjunto de estos signos, el conjunto de estas manifestaciones, sólo están allí para testificar lo que eres, llevándote progresivamente o cada vez más brutalmente, a darte cuenta de la Ilusión, a darte cuenta de la fatuidad de toda esperanza, o de todo deseo inscrito en este mundo. Porque desde ahora en adelante la vida eterna te recorre de arriba a abajo, y de abajo a arriba, de afuera a adentro, y de dentro a afuera.

No existen ya más zonas de sombra, excepto por supuesto a las que aprecias y a las cuales estas atado, por costumbre, por condicionamiento. No puede existir en el seno de estas zonas de sombra ni resistencias, ni fenómenos o mecanismos memoriales, ni heridas, sino más bien simplemente los acondicionamientos inscritos simplemente, en el seno de la encarnación falsificada de este mundo, de la cual no eres ni responsable ni culpable, y por lo tanto hoy no se necesita de ningún esfuerzo ni solución. La Luz te llama a la Luz, la Luz te llama al reconocimiento, a la gratitud y a la Dicha. Si aceptas eso, la Alegría se hará tal que por la Gracia del Fuego Ígneo, consumirá literalmente todo lo que te pueda molestar en la pantalla de tu vida, como sobre la pantalla de tu cuerpo.

Busca el Reino de los Cielos que está dentro de ti, donde ningún elemento exterior es ni deseable ni útil.

¿En el cumplimiento de la Ascensión, en el cumplimiento de tu liberación, dónde te sitúas, dónde te pones? A ti de verlo, a ti de vivirlo, a ti de expresarlo, a ti de imprimirlo en ti.

Más que nunca, en este período de interioridad y de interiorización, te es permitido, te es sugerido de vivir la plenitud de la Unidad, la plenitud del Amor, la plenitud de la Gracia y esto, independientemente de todo lo que pueda existir en el seno de tu cuerpo efímero como de tu conciencia efímera.

Debes entonces orientarte y posarte en la Eternidad, desviándote de lo que hasta ahora estaba alumbrado en el seno de lo efímero. Es pues el momento de comprender, y sobre todo de vivir, lo que eres, no como una aspiración, no como un objetivo, sino más bien como la única realidad tangible y permanente. Así es tu propia Presencia, así es tu Eternidad.

Entonces, bien amado del Único, acoge en los brazos y el Corazón bien abiertos ese don que te haces a ti mismo. Allí donde ninguna Presencia es necesaria, allí donde ningún cuerpo de este mundo es útil, allí donde resplandeces de Luz, de Paz y serenidad.

Los lazos de tu conciencia con este cuerpo en lo sucesivo están disueltos, a fin de permitirte vivir el anticipo de la libertad, del proceso ascensional. En el encendido de tu Merkabah, en el transito del Fuego Ígneo, en tus centros de conciencia llamados chacras, se realiza la culminación de lo que ha sido anunciado desde muchísimo tiempo por los profetas y por los místicos.

Entonces te lo digo hoy, como lo dijo Cristo hace dos mil años: «Paz a ti, Paz mis ovejas». La hora es a la gloria, a la dicha, a la autenticidad. Así como lo puedes observar en la pantalla de tu mundo, todo lo que engaño, todo lo que no era auténtico, se encuentra hoy puesto abajo, desenmascarado, y entonces visto. Cualesquiera que sean los polos de interés de tu vida en este mismo momento, el requerimiento de la Luz tiene por objeto de permitirte, si lo deseas, no estar más atado, a lo que sea de este mundo, viviendo todavía para el tiempo necesario que queda por cumplir antes de la Llamada de María, antes de los signos celestes y terrestres que tocarán su apogeo en este particular período vinculado y en resonancia con el solsticio de invierno de vuestro año 2016, así como el período llamado en vuestro mundo, el nacimiento de Cristo.

Todo lo que es efímero se volverá complicado, todo lo que es eterno se volverá cada vez más simple. Al igual que tu conciencia y que tu Presencia. ¿Deseas permanecer en la Paz eterna, cualesquiera que sean tus funciones, cualesquiera que sean tus acciones en el seno de este mundo? ¿O prefieres quedarte en la persona y sus resistencias? A ti de ver, a ti de cumplir propiamente hablando tu asignación vibral.

Cada uno de ti, y de múltiples maneras, en este momento, vive su liberación. El grado, la intensidad de esta liberación es de momento un proceso individual, no apareciendo como tal a nivel colectivo. Sólo aparecerá a nivel colectivo
en el momento en el que los sonidos del Cielo y de la Tierra vendrán a tocar el rebato de tu efímero.

En ese momento, el fenómeno se volverá colectivo. Os reconoceréis unos a otros, no a través de una función, no a través de una forma, no por la relación a vuestros orígenes estelares o galácticos, sino únicamente por el Corazón. Esto pasa de palabras, pasa de explicaciones, pasa de historias que contarse o bien a contar.

Esta revelación se hace en el Silencio, silencio de las palabras, silencio de los sentidos y silencio de la misma conciencia. También, tú que lees, tú que estás allí, tú que escuchas, percibe más allá incluso de mis palabras, más allá incluso del Verbo, la esencia de lo que se celebra.

La Luz sólo espera una cosa desde ahora en adelante, en ti: que te reconozcas en ella misma, que te reencuentres en totalidad en ella.

Cualquiera que sea tu vivencia en la escena de lo efímero, en la edad que tengas, en una confusión que tengas, en cualquier alegría que hayas tocado y vivido, todo esto ya no representa más nada, si no las muletas que te permitieron de reencontrarte, de vivirte en tu eternidad. Entonces cuando el Fuego Ígneo inviste el conjunto de tus centros de conciencia inscritos en este efímero, la Libertad se instala, aunque no puedas probar, aunque no puedas comprender, porque esto está más allá de los sentidos, más allá de la percepción, y más allá de toda comprensión.

La Luz te llama a la Luz, la Luz te insta de abrirte sin restricción, y sin temor.

Lo desconocido se vuelve conocido, aquí mismo en este instante.

Reconociéndote en la misma Luz, en tu eternidad, compruebas con evidencia que todo lo que pertenece a lo efímero se aleja de ti, permaneciendo presente en el seno de este efímero. Hay pues realmente y concretamente un cambio de perspectiva, un cambio de visión, un cambio de conciencia.

Todo lo que debía ser alumbrado en ti lo ha sido, todo lo que debía ser alumbrado sobre este mundo lo es casi en su totalidad.

Tu vivencia actual, lo repito, cualesquiera que sean tus circunstancias personales, no pueden dejar más ninguna duda en cuanto al proceso de la Resurrección. Dicho de otro modo, la mariposa ha salido de la oruga, seca sus alas, preparada para tomar su vuelo. Es lo que se juega en el plano más denso de tu carne.

Entonces juntos vamos a vivir este Fuego Ígneo, a nivel de tu conciencia y de sus diferentes centros.

En primer lugar a nivel del fundamento mismo de la organización de la vida, llamado Muladhara chacra, el Fuego Ígneo liquida las últimas obstrucciones y los últimos condicionamientos.

La Luz y el Fuego Ígneo, que penetran tu segundo centro de conciencia te muestran la vanidad del poder cualquiera que él sea, la vanidad del miedo cualquiera que ella sea.

El Fuego Ígneo llega, y se presenta en tu tercer centro de conciencia, asiento del ego, asiento del deseo, asiento de todo lo que es falso, lo que ahora se alumbra y arde de la nueva vida.

En tu cuarto centro de conciencia llamado Anahata chacra, se resuelve el conflicto entre el mental dicho inferior, tu intelecto, y la inteligencia del Corazón, dándote a irradiar, a vivir la compasión del Manto Azul de la Gracia y a instalarte con firmeza en tu eternidad.

Entonces el Fuego Ígneo irradia ahora a nivel de tu garganta, el quinto centro de conciencia, poniendo final así a la ley de karma, de la dualidad de la acción y de la reacción, liberando tu Verbo, liberando tu capacidad a comulgar y a comunicar con los planos llamados invisibles de este mundo, como de todo mundo.

Entonces el Fuego Ígneo, subiendo al sexto chacra, te lleva en el seno de lo Blanco, de lo Inmaculado, de lo sin mancha y te permite de mantenerte allí hasta la saciedad.

Entonces el Fuego Ígneo, llegando en la cima del cráneo, revela Éter de vida eterna, fusiona los cuatro elementos para hacer el milagro de una sola cosa.

En la resonancia de cada uno de tus siete centros unos hacia otros, unos con otros, se instala en tu conciencia Una el estado de Unidad, el estado de Alegría suprema, el estado de Luz, allí donde ningún sufrimiento puede emerger, allí donde ninguna memoria puede interferir, allí donde ningún elemento exterior puede aparecer. Así tu Templo esta acabado, permitiéndote acoger lo que eres como Hijo Ardiente del Sol. Cada uno de ti tiene en él la Inteligencia del Cristo; pienses lo que pienses, vivas lo que que vivas, esto es una verdad inalienable y absoluta que se desvela en estos tiempos de la Tierra.

Así eres forjado en el Eterno, así resucitas en la Eternidad.

En este calor se despliega la vida eterna, en este Fuego Ígneo se instala la Alegría, la Paz y la plenitud.

Así como lo constatas, lo vives o lo vivirás, en eso nada más puede aparecer, ni puede ser útil. Bebiste al Agua de Vida, estas saciado, no tendrás sed nunca más, nunca más sufrirás la noción de muerte, igual que la noción de nacimiento. Hay, desde este instante, incluso antes de la Llamada de María, la continuidad de la conciencia que es restablecida. No aquella de la Ilusión en el seno de tus peregrinaciones de este mundo, pero en lo que eres de toda Eternidad. El Espíritu, el Verbo, está ahora actuando en su totalidad en tu mundo interior.

Desde el instante en el que te ves, en cuanto te acoges, en cuanto estés conforme, entonces ninguna preocupación de cualquier naturaleza que fuese, podrá interferir con esta Dicha, y con lo que Eres.

Esto pasa en el Silencio, esto pasa en la Paz. Ningún elemento exterior, histórico o corporal puede enturbiar a tu Cristo interior. Ningún acontecimiento de cualquier naturaleza que pueda ser, podrá desde ahora en adelante desviar, destabilizar lo que eres. Allí también, a ti de vivirlo, a ti de confirmártelo, en cada soplo, en cada acción, en cada mirada llevada, en cada interacción con tu entorno.

Así las capacidades del Espíritu, ilustradas por las doce Estrellas, se reactivan desde ahora, dándote a aprehender, a ver, a vivir y a experimentar las múltiples facetas de la Libertad, las múltiples facetas de la expresión del Amor incondicional.

Entonces el conjunto del Fuego Ígneo en todos sus componentes, en sus diferentes alquimias, finaliza en ti, mostrándote y demostrándote la primacía del Corazón, del Amor, sobre todo el resto, sin ninguna excepción sólida o válida.

Déjate abrazar por este Fuego de Dicha y de Amor, déjate llevarte por la unidad del Blanco y déjate transportar allí donde la Inteligencia de la Luz se te lleva y te trae.

Déjate ser saturado de Dicha eterna, porque en ésta nada más es necesario, ni interrogaciones, ni posesiones, ni atractivo por este mundo, y sin embargo estás paradójicamente cada vez más presente, cada vez más poderoso en la Luz, en el Fuego Ígneo.

Es eso que comienzas a ver, a vivir, y a sentar en el seno de esta dimensión. No se trata más de ser anclador o sembrador de Luz, no se trata más de ser Semilla de Estrella, sino de ser esta Estrella de la Resurrección, esta Estrella de la Anunciación. Recuerda que la Luz, como el Fuego, como el Amor, no necesitan de ninguna palabra, ni de alguna acción en particular, si no es de ser tú mismo lo más a menudo posible. Así se borra de ti todo lo que concierne lo efímero, cambiando el orden de los valores, el orden de las cosas, y al mismo orden de este mundo.

No se trata de una acción de tu parte sino mucha emanación de ti mismo. Esta emanación es la emanación de la Luz pura, del Amor incondicionado, del Fuego Ígneo expresado en el seno del Corazón Ascensional.

Entonces donde quiera que seas, en cualquiera que sea el día donde leerás o escucharas a esto, me dirijo a ti en el Silencio, en lo más íntimo de tu ser, y te digo: sé feliz porque eres la Alegría. Ningún acontecimiento de tu vida como ningún acontecimiento de este mundo podrá interferir con esta verdad primera y absoluta.

Eres de aquí en adelante colmado de Gracia. Te incumbe de hacerlas conscientes, si aun no es el caso, te incumbe de estar conforme, te incumbe de dejar obrar lo que se celebra. Lo que se celebra no necesita de ninguna historia, de ninguna proyección y sobre todo de tu propia persona.

Entonces no existe ningún obstáculo en que el Fuego Ígneo te recorra de manera permanente, aquí mismo, allí donde estas sobre este mundo.

Este estado te mostrará la fatuidad y la inutilidad de querer actuar por ti mismo, referente a tu historia, a un deseo o a un resultado.

Si lo vives – y lo vivirás–, entonces la evidencia de tu destino te aparecerá. La evidencia de lo que eres no podrá sufrir ningún replanteamiento. El Amor es simple, el Fuego Ígneo es también simple.

Déjame acompañarte en ese transporte de Amor, déjame estar aquí, déjame ser tú.

Déjate vivir, deja llevarte en lo más íntimo de tu Corazón, en lo más íntimo de la Verdad, en lo más íntimo de la Dicha, en lo más íntimo del Fuego. Acompáñame allí donde estoy. Ven en mí como he venido en ti, a fin de demostrarte que entre tu y yo no hay más distancia, que entre yo y tu no hay diferencia, que entre tu y yo hay el mismo Corazón, la misma verdad, la misma potencia de Amor. Entonces, como el Cristo lo dijo: «Padre, vuelvo a poner mi Espíritu entre tus manos».

Tú que pensaba a veces, estar abandonado, como Cristo en el jardín de Gethsémani, te da cuenta de la imposibilidad del abandono, por la Luz, de lo que eres. Así se regenera, si puedo decir, tu Eternidad, así se realiza tu Libertad, así se vive tu Ascensión. Cada día, cada minuto pasado sobre este mundo te permite de ver las cosas como son: la Luz siempre estuvo aquí. Más allá del Cielo y de la Tierra, más allá incluso de la manifestación de este mundo, eres Luz y eres Amor.

El Fuego Ígneo es el agente de esta revelación. En lo Blanco de tu eternidad, la Tierra también reencuentra su eternidad, cuando el Blanco del Cielo y de la Tierra acompañado de las Trompetas te hará vivir esta última etapa, que no la es, sino que es realmente y concretamente la conclusión de lo ilusorio. Quédate en la alegría, permanece dichoso, es lo que te dice la Luz, es lo que le digo a tu Corazón, y es lo que tu Corazón me dice, como lo dice a cada uno de ti.

… Silencio…

Entonces juntos, dondequiera que estés, estoy allí. Entonces juntos estamos allí, a la misma ronda de Luz, a la misma Libertad, en la misma fraternidad. El Fuego Ígneo te recorre de la periferia al centro, y del centro a la periferia, en todo lugar de tu cuerpo, y en todo espacio de tu conciencia.

Cada minuto se vuelve y será una bendición perpetua, una paz perpetua. Esto forma parte de lo que eres.

En cualquier edad que la Luz te aborde, en cualquier condición que la Luz te tome, no tiene ninguna importancia. Sólo el Amor lo es. No el Amor que puedes dar o proyectar. sino el Amor que eres, el Amor que vives, sin cuestión, sin objeto y sin apego.

Entonces bendito seas en tu resurrección, bendito seas en el cumplimiento de las profecías, en el cumplimiento de la liberación de la Tierra.

Quédate en tu eternidad, allí donde no peligras de nada, allí donde nada puede oponerse, allí donde nada te puede limitar.

… Silencio…

Entonces dondequiera que estés, tu corazón toca cada Corazón, que este al lado tuyo o que este lejos de ti. El Amor se vuelve entonces permanente, escapando a todo control y a toda lógica.

Así, aureolada de tu cuerpo de Êtreté, se termina la alquimia de este mundo. Rindo gracia en ti, por lo que es, para lo que vive.

Entonces te invito a estar aquí, te invito a celebrarte, tú mismo, sencillamente te invito. Y allí, en esta blancura inmaculada de la pureza, tu Corazón de niño, aquel del Cristo, habla a tu carne, habla a tus sentidos y habla a tu conciencia. Sus palabras sólo son palabras de Dicha y de pureza. Sus palabras no necesitan del lenguaje, ni incluso de ser pronunciadas, tanto son la evidencia, tanto son de justas.

Entonces tú que estás en paz, te lo repito hoy, da tu paz. En la medida con la que das, recibirás, en la medida con la que te diste, te reencontrarás. La amplitud de tu sonrisa corresponde la amplitud del Fuego Ígneo, a la amplitud de tu jubilo, tus ojos brillan y lanzan llamas de Amor y de pureza.

El Espíritu santo ha cumplido su obra, la de devolverte a tu libertad, a tu autonomía. La Onda de Vida y el Fuego Ígneo se conjugan desde ahora, a fin de abrir la vía a la resolución final de la ecuación de este mundo.

No busques más fecha, no busque más momento, porque esto está presente a cada fecha y en cada instante en lo que vives, en lo que eres. Instálate con jubilo en esta evidencia, en lo que nunca puedes ser engañado o alterado..

Tu llama eterna entonces se eleva tal una hoguera, consumiendo lo que debe serlo, en una gran fuego de jubilo, en un fuego de Amor, dándote a cantar la Libertad reencontrada, dándote a sentar el silencio de la Eternidad.

… Silencio…

Entonces no sólo la Dicha se instala, sino que se comunica en lo cercano, pero también en lo lejano.

El Amor, la Luz y el Fuego Ígneo te invitan a alejarte, simplemente por tu Presencia, simplemente por el Fuego Ígneo de tu resurrección.

Entonces, como el Cristo lo dijo: «Deja a los muertos enterrar a los muertos» porque tú estás vivo, y la muerte de lo que muere os volverán también vivos.

No estés atado a ninguna forma, fuese ella la más próxima a ti, porque nunca podrás perderla en la Luz. Sobrepasando así todos los juegos kármicos de este mundo, todos los lazos de este mundo, reencontrarás lo que crees perder en la Libertad, magnificando así las relaciones que hayan podido existir o existiendo aún en el seno de la ilusión de este mundo.

Conténtate con lo que es esencial pues contiene todo, tal es el Amor. Y allí también, no aceptes lo que te digo, sino experiméntalo por tu misma conciencia. Tendrás entonces la certeza de tu vivido, más allá de toda creencia, de toda esperanza, de todo deseo, o de toda fecha del calendario de este mundo.

El tiempo del despertar del colectivo humano, del colectivo de las conciencias de la tierra, cualquiera que sea su reino, está también en este despertar, en esta Resurrección.

Tu conciencia liberada respecto a este cuerpo no es una huida de este cuerpo, sino allí también la alquimia de la Resurrección que vive tu carne. Por las diversas primicias y variados concerniendo incluso al funcionamiento más habitual de tu cuerpo y de tu conciencia efímera, se encuentran modificada y cambiada.

Antes de todo, ve la Luz que eres, porque todo el resto se resuelve por la acción del Fuego Ígneo, por la Gracia del Amor y por el tiempo de la Verdad.

Los cuatro elementos en marcha en ti, conjugan sus esfuerzos, conjugan su conciencia para restituirte a tu libertad. Sería vano de resistir o de oponerse, sería vano de experimentar el menor temor. A ti de mostrarte que tienes la confianza más absoluta en la Luz que eres, incluso si no la ves, incluso si no lo vives. La Inteligencia de la Luz y la intensidad de la Luz, es desde ahora tal que ningún obstáculo podrá aparecer nunca más delante de ti, o en la pantalla de tu conciencia.

Rompe en ti las últimas costumbres, los últimos acondicionamientos, las últimas ilusiones, que te lo repito, no están ligadas a nada de otro que a algo que es espontáneo en lo efímero y que está en resonancia directa con el principio de dualidad.

Así, la Unidad se vive cada vez más claramente, cualesquiera que sean los aparentes desórdenes de tu cuerpo, de tu vida efímera, o de este mundo.

Mira, ve simplemente tu Corazón elevarse en los dominios de la Eternidad. Allí esta lo esencial de lo que se celebra en estos tiempos de la Tierra, allí se situará lo esencial de la Llamada de María, allí se situará también lo que ha sido llamado en su momento, el asa-planeta.

Tu Corazón se vuelve esa roca inquebrantable; escúchalo, y sólo a él, en cualquier voz que sea, en cualquier suposición que sea.

El Fuego Ígneo se vuele tu mayor atributo de manifestación en este mundo, y es en eso en lo que te das y que sirves, y es en eso que les muestras a cada uno de tus hermanos encarnados la realidad de la Libertad, la verdad de la Liberación. No hay ningún discurso a construir, hay solo a dar testimonio en silencio, de lo que eres, de lo que vives.

… Silencio…

Sello en tu Corazón el Fuego Ígneo, no para encerrarlo, sino para permitirte de verlo y de dejarlo alimentarse del don de la Gracia, del servicio y de la gentileza, así como de la benevolencia, a fin de que te reveles sin falla alguna, sin duda alguna.

Entonces la emanación de la Fuente hace de ti, el digno hijo de la Fuente, entonces por fin puedes decir, porque esto se concreta en este mundo: «Yo y la Fuente somos Uno, yo y mi Padre somos Uno.».

Cristo te lo había dicho: «Lo que hice, lo haréis, y aún más grandes cosas.».

Mientras que el ego y el orgullo se apagan totalmente, ese poder no es tu poder, sino el poder de la Luz y del Fuego Ígneo.

Así, el Cristo interior nace.

Llevando en ti entonces los estigmas invisibles del Cristo, caminarás sobre esta tierra hasta la Llamada de María, en la misma gracia, la misma ligereza. La Vida te poseerá y te vivirá en totalidad. Verás entonces la vanidad y la fatuidad de la persona que eras.

Todo lo que había que preparar, lo ha sido.

No queda más distancia.

Los acontecimientos se viven en ti antes de vivirse colectivamente. En ese sentido, te es posible escuchar a María llamarte, te es lícito escuchar a María de llamarse como Madre, como Mamá.

Cualquiera de lo que se celebre, cualquiera que sea la belleza de esta nueva Llamada individual, quédate en lo que eres, quédate en la Dicha, quédate en la Paz, no te preocupes de otra cosa. Recuerda también qué todo se celebra en ti porque eres el mundo, eres el conjunto de la Creación como el conjunto de lo Increado. No podría ser de otro modo.

El Fuego Ígneo continúa a obrar.

La Cruz cardinal de tu cabeza es alineada finalmente con la Inteligencia de la Luz.

El lance del Amor no puede ser retenido más en ti. Cualquiera que sea tu voluntad, cualquiera que sea tu persona, ellas no pueden refrenar o limitar lo que se vive. Date cuenta de lo que hay, en este instante. Date cuenta de lo que siempre ha sido. Y en eso te rindo gracia, en eso te vuelvo a bendecir.

Así que lo vives o lo vivirás, más allá de toda creencia o de toda proyección, no existe nada que pueda igualar o alcanzar el Fuego del Amor que eres y que vives.

… Silencio…

Entonces la irradiación del Sol te percute y te percutirá en el Ultravioleta, aumentando tu Blanco y tu pureza, hasta la pureza absoluta.

Entonces la Fuente revelará en ti, no por palabras, sino por la evidencia de lo vivido, el Juramento y la Promesa, y su finalidad.

Cada una de mis frases desde ahora se acompaña de una bendición en el Fuego Ígneo, en el Fuego de la Verdad, viniendo a cada instante a penetrarte en todo lugar para restituirte a ti mismo y a la Verdad.

El conjunto de los pueblos de la naturaleza, pueden en lo sucesivo comulgar en tu Presencia. Cualquiera que hayan sido la intensidad de tus encuentros y de tus contactos, sólo fueron la preparación y la prefiguración de lo que vives o vivirás ahora.

El conjunto de los pueblos de la naturaleza, como el conjunto de la Confederación Intergaláctica de los Mundos Libres, como el conjunto de los Ancianos, el conjunto de las Estrellas, el conjunto de los Arcángeles, y la Fuente misma, ahora se expresann desde tu Corazón en el mismo Fuego Ígneo. Reconócete, reconócete totalmente.

Todo esta cumplido y todo está aquí.

Así es la Verdad, así es lo que Eres. 

… Silencio…

El Fuego Ígneo limpia tu templo, no tienes que preocuparte 
más  de eso, sino simplemente dejar la Luz guiarte, pues ella será siempre la mejor guía, incluso la persona más iluminada e intuitiva. 

… Silencio…

Entonces acogemos juntos los sonidos de la Llamada, no sólo los del cielo y de la Tierra, sino los que emanan de ti. Es el canto del Fuego Ígneo, es el Verbo de su presencia, testimonio de la Paz, y testimonio de la Alegría que él instala en ti.

En este día, no necesito más inclinarme delante de ti, sino simplemente de apretarte contra mí para darte el beso del Corazón. Entonces dígnate en recibirlo, dondequiera que estés; es el beso de la pureza, el beso de la inocencia, el beso del Cristo.

… Silencio…

Regocíjate.

Cuando la Llamada colectiva de María se oirá, ella vendrá a darte su beso eterno de Madre. Ella no te dará un gran discurso, eso no será necesario. En este instante, confiando como el niño al que su madre viene a arropar por la noche, te apagarás para renacer en la Luz, sin dificultad, aunque lo puedas decir o temer todavía hoy.

El Fuego Ígneo instala la Alegría, instala la Paz, pero instala también la certeza, por lo vivido de tu Eternidad.

… Silencio…


El Coro de los Ángeles se aproxima también a ti, a medida que la aproximación de María se hace.

El Coro de los Ángeles canta también tu libertad reencontrada, el Coro de los Ángeles acompaña tu Corazón elevado, tu Corazón Ascensional.

El Coro de los Ángeles viene a comulgar a tu dicha y a tu gloria.

¿Qué regalo de este mundo, o que placer de este mundo puede esperar rivalizar con el Coro de los Ángeles?

¿Qué madre de este mundo puede amar tanto como nuestra Madre, la de todos?

¿Qué niño de este mundo puede ser más sabio que tu niño interior y tu Cristo interior?

¿Qué placer de este mundo todavía puede atraerte, cuando el Fuego Ígneo se instala en el centro de tu Corazón?

¿Qué justificación a este mundo puede resistir, cuando el Coro de los Ángeles canta así?

¿Qué espectáculo de este mundo, incluso el más perfecto, puede equipararse con la Luz?

¿Qué ganas de este mundo pueden subsistir cuando el Fuego Ígneo consume todo lo que no hace más que pasar?

Entonces comulgo en la gloria de cada uno de ti, de ese Corazón a Corazón, de ese conciencia a conciencia, de ese Eternidad a Eternidad.

… Silencio…

En cada día, en cada suceso que vives ahora, te alejas de lo irreal y encuentras lo real y te acomodas en él con gozo, con paz, con dicha.

Así, nos elevamos juntos, no para apartarnos de la Tierra, sino para acompañarla por lo menos hasta su destino final antes de reencontrar, cada uno de ti, tu morada de Eternidad.

… Silencio…

No dudes más en adelante y desde ya, en llamarte a ti mismo a través del Fuego Ígneo, a través del Amor.

No hay nada de ti, todavía hoy inscrito en el seno de lo efímero, que sea indigno de la Luz, indigno de aquel Fuego Ígneo. No hay nada que pueda permanecer sin perdón. No hay nada que pueda quedar atrás, sin acceso al Fuego Ígneo. Éste lo ve todo y lo alcanza todo.

Así es el Amor, que no conoce límites, que no conoce fronteras, que no conoce formas, porque es distribuido del mismo modo en toda forma de conciencia.

… Silencio…

Entonces jamás estarás más preparado que ahora. No queda nada más a finalizar, no queda nada más que ajustar, no queda nada más a anticipar, sino solamente de vivirlo, estés donde estés en este momento.

Eso no depende ni de ti ni de mí. Eso depende de tu momento, porque la Inteligencia de la Luz conoce cada momento y cada instante de tu vida.

Entonces juntos entramos en ese Corazón único, que es cada uno de nosotros.

Entonces juntos, desde el corazón físico hasta el Corazón Ascensional, los diferentes aspectos del Corazón se unen por fin, e irradian al unísono, en la misma tonalidad, en la misma sinfonía y en la misma verdad.

En el Amor, en aquel Fuego Ígneo, nada puede perderse ni extraviarse, todo es completo, todo es perfecto, como tú lo eres.

… Silencio…

Tú que estás presente, aquí o en otras partes, escuchando mis palabras, conozco el Corazón de cada uno, pues son todos idénticos al mío.

No existe diferencia ni separación alguna. En el Amor no puede ser de otra forma.

Suelta tu Corazón, consumido más y más por esa mordedura de Amor. Acoge tu corazón liberado ya y celebra. No queda obstáculo alguno ante el Amor.

Aquel Amor, que es sin límites, te hace también sin límites.

… Silencio…

Así es el néctar de Vida, así es la vida en Cristo, en cualquier mundo que sea, e incluso en esta tierra en este preciso momento.

Estés donde estés, la Luz ahí está. En cualquier lugar que te encuentres, en cualquier espacio que explores, en cualquier situación, en cualquier estado anímico que estés, el Amor está ahí.

El Fuego Ígneo se imprime en todas partes, dejando todo el espacio a la Libertad y no dejando ningún intersticio para la discusión o la negación.

… Silencio…

Así cada uno de ti se convierte en testigo de la Libertad. Así tu Corazón está en cada Corazón. No hay más amigo ni enemigo. Solamente hay hermandad trascendiendo los límites de la especie humana y dirigida a todas las especies de este mundo, como de todo mundo.

El ángel es tan cercano a ti como puede serlo un insecto de este mundo.

No hay más límites, no hay más velos en ti, como pronto no existirá más velo alguno, entre la Tierra y la Verdad.

… Silencio…

Oye, el canto de tu Corazón liberado.

Siempre ha sido libre, pero hoy lo reconoces, hoy lo vives como la Verdad, hoy se ha vuelto la única Verdad.

… Silencio…

Entonces tu pies como tus vestiduras de Luz, son lavados en la Vida de Cristo.

Mientras que comulgo con cada uno de ti, como cada uno de ti comulga no sólo conmigo, sino con todos los hermanos que viven aquella celebración, nos reunimos todos con la Libertad y con el gozo de la comunión de los santos, con el gozo del compartir, con el gozo del don.

... Silencio…

En ese silencio la comunión se hace más y más íntima, más y más intensa.

… Silencio…

En ese silencio las palabras se apartan, revelando la verdad de lo que se vive.

... Silencio…

Así la Vida se vive, así el Amor se da, así el Amor da Vida.

... Silencio…

En la majestad del instante en el que estás presente, el Verbo se vuelve silencio, y el silencio se vuelve Verbo.

... Silencio…

Aquí y Ahora, estoy contigo en la Eternidad.

... Silencio…

Bautizado estás ahora en el Fuego del Amor. Iniciado estás ahora en el verdadera Dicha.

Presente estás. Viviente eres.

Cada una de mis palabras, cada uno de mis silencios, mi Verbo en su totalidad es el canto que acompaña al Fuego Ígneo. Es don de Vida y don de Amor. Es Agua del Cielo, Agua del Misterio.

En cada uno de ti, eso se vive. Estés donde estés, eres conocido, no por tu apariencia, sino en tu Corazón. Y es eso lo que es alcanzado por el Fuego Ígneo del Amor. Y es eso lo que se eleva desde tu pecho. Y es eso lo que se encarna ahora, por toda la Tierra.

En adelante cada una de tus frases comenzará y terminará con “te amo”. No es necesario que formules las palabras. Esa es la única realidad. Fuere cual fuere el acto, fuere cual fuere la circunstancia, el Amor lo impregnará todo con más y más con fuerza y evidencia. En cada acción que te corresponda llevar en este mundo, con cualquier hermano que sea, en cualquier situación que fuere, el Amor estará delante, el Amor estará detrás. Pruébalo y vívelo. Aquello es tuyo. Esa es tu herencia.

Atrévete, atrévete a ser por completo, sin restricciones, la Eternidad que tú eres. Entonces a mi vez me atrevo, por cada uno de ti, a mostrártelo, sin nada imponer. Y recibo a cada uno de ti, en el Corazón del Único.

… Silencio…

En cada uno de ti, la Gracia infinita de la Verdad te cubre y envuelve.

Atrévete a recibir.

Ningún hermano es indigno de eso. Haya hecho lo que haya hecho, haya dicho lo que haya dicho, él es el mismo Corazón que tú.

… Silencio…

¿Qué palabras, qué discursos podrían explicarlo? ¿Qué Verbo incluso podría mostrarlo?

... Silencio…

En ese silencio toda palabra se vuelve vana. Todo es sino Presencia.

El Verbo se hizo carne, y la carne puede regresar al Verbo, en nombre de la Verdad, en nombre de la Luz.

Que así sea, y así es, sin retraso ni distancia.

… Silencio…

Permite ahora no que te deje o me aleje ni que te diga hasta luego sino que more contigo en la Eternidad, pues soy el Amor que tú eres y soy lo que tú eres. Todo es Uno.

Te bendigo, una vez más.

... Silencio…

Y te digo: que la paz sea contigo, que la paz te acompañe en el gozo del Amor, en la felicidad de la Eternidad.

Te saludo, y recibo tu saludo y tu bendición, a través del mismo Fuego Ígneo, en el Corazón del Corazón.

Te doy mi paz, y recibo tu paz.

Gracias, y damos gracias juntos al Amor, y agradecemos juntos a la Libertad y a la Verdad.

… Silencio…

Oro en adelante en cada instante en cada uno de ti, y no cesaré más.

Y marco una pausa silenciosa ahora. Estoy recogido en ti.

… Silencio…

Cuando lo desees ahora, puedes voltear tu mirada hacia este mundo con el mismo Corazón y el mismo Fuego. Te dejo, pero sin desaparecer. Soy tú. Estoy en cada uno de ti. Y no olvides nunca que eres Amor, y que eres amado.




3 comentarios:

  1. En el AMOR SOMOS UNO. GRACIAS GRACIAS GRACIAS

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  2. infinitas gracias, hoy cumples lo que le prometiste a tu hijo gracias infimitas gracias

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  3. Mi amigo, mi amado. Somos Uno.
    Gratitud infinita.

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